El sábado 2 lo dedicamos a preparar las cosas, cada uno por su lado y con mi papá nos dimos el tiempo de mirar videos familiares antiguos. Ese día la palabra "nostalgia" fue lo que más escuché. Fueron imágenes de la tía Marlene, de mi mamá alegando tonteras, de apuestas con el juego de "La Bolsa" y de los perdedores bañándose en el mar a la hora de la puesta de sol.
Los días increíbles, el mar estuvo como nunca y me bañé muchísimo aunque el pololo no me acompañó nunca..., incluso en la playa se preguntaban si era verdad que andaba acompañada y yo no dejo de pensar si las amigas de la Caro me creerán media loca... El Lucas aprendió a estar sin correa sin salir arrancando como loco. Y las noches fueron de piscolas compartidas, de los pololos hablando de WOW y de adicción colectiva a "Amor Ciego". Sí, es que en la familia tenemos eso de pegarnos todos juntos con los realities. Con Rodrigo sólo salimos una noche a comer rico al Puntamai y a la Canasta, y otra a tomar once-comida al Ayén con la Caro y el Pé. Y así de rápido se me fue la primera semana...
Al sábado siguiente nos fuimos a Los Andes, al cumpleaños n° 30 de la hermana de Rodrigo. Después del asado rico seguimos el domingo nuestro viaje a Rapel.
Fueron ricos los días en el lago, aunque éste no estaba para nada en óptimas condiciones. A mí eso no me importó porque tuve todo lo que quería y días increíbles para compartir en éstas, nuestras primeras vacaciones. Después llegó la Cata y esperamos que le hayan servido estos días fuera de todo lo conocido.
Y ahora de vuelta al trabajo y a la realidad, con fuerzas para hacerle frente a todo lo que viene y muy feliz por lo que logramos formar...